Eso nos dijo un huésped de Madrid mientras tomábamos una café antes de dejar la casa. Vimos como se iluminaban sus ojos a medida que nos iba describiendo todo lo que había hecho en su estancia.
Nos gustó tanto escucharlo que intentamos ponerlo en palabras y compartirlo con vosotros.
Sabemos que nos quedamos cortos, porque había algo más allá de sus palabras, había algo más que transmitía con cada uno de sus gestos, había paz.
Nos empezó a contar que eligió Sierra de Gredos porque un amigo había estado anteriormente y que le había dicho con mucha insistencia que debía visitar esta zona. Dijo: “mi amigo es parco en palabras pero habló tan bien de este lugar que no dudé en hacerle caso”.
“Veníamos muy estresados, con un ruido molesto y permanente en la cabeza. Mi mujer es profesora de primaria y yo tengo una empresa de distribución de productos de electricidad. Durante las 2 horas que duró el trayecto en coche solo hablamos de los problemas de nuestros trabajos, que si los padres, que si los empleados, que si el calor, … no paramos de quejarnos de todo.”
“Cuando llegamos a la casa (se hospedaron en el ático, el que llamamos El Sobrao) nos quedamos sorprendidos por la luz que entraba por esa ventana, nos dimos cuenta que no había que encender nada, y en casa tenemos que encender luces por todos lados.”
“Decidimos cenar en el jardín, el clima era ideal, compramos unos embutidos y quesos riquísimos que acompañamos con un tinto que nos recomendaron. Ahí empezamos a bajar las revoluciones, los sonidos de los pájaros que se iban a dormir nos acompañaron en los preparativos de la cena. Que momento tan simple y tan relajante. La noche era increíble, el cielo parecía explotar de estrellas, nunca vi tantas. La próxima vez que vengamos haremos una de esas actividades que te enseñan a verlas mejor.”
“Dormimos de un tirón, hacía tiempo que no lo hacía, por cierto el colchón es muy cómodo. Nos levantamos temprano, también acompañados de los cantos de los pájaros, desayunamos tranquilos y nos fuimos al río. Ese fresco de la mañana es muy especial, nos sentamos en unas rocas a contemplar el alrededor, nos dimos cuenta que el silencio nos empezaba a encantar. A veces creo que el ruido permanente a la larga hace daño, no creo que sea bueno. El silencio te hace escuchar otras cosas, no imaginé que el sonido de los grillos, el agua o la brisa fuera tan intenso y a la vez relajante. El agua es muy fría, nos encantó el contraste, sentimos como se reactivaba la circulación, dijimos que estábamos haciendo aguaterapia.”
“Cuando regresamos del paseo ya parecíamos otras personas, en menos de 24 horas vimos como nos fuimos transformando, parecía que llevábamos una semana, es increíble como el tiempo se serena. Las preocupaciones van desapareciendo de a poco.”
“La casa nos encantó, los detalles tan bien cuidados, la piedra en esos tonos claros, el jardín tan acogedor, no sabría con qué quedarme, nos ha gustado todo.”
“Creo que esta terapia de tranquilidad deberían recomendarla todos los médicos, más naturaleza y menos medicamentos, creo que la llaman Slow Travel, viajar sin ser esclavos del tiempo, con calma, conectar con el alrededor con las cosas simples.”
“Me acordé de mi amigo y le envié un mensaje diciéndole que tenía razón y por supuesto le agradecí su recomendación.”
